Las murallas que abrazan la joya

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Fuisteis tú, el gran Víctor Hugo, sin saberlo, el que me llevaste a descubrir la gran ciudad de las 7 torres. La ciudad de “Bacharach”, era ese viaje escondido que tanto ansiaba encontrar, algo mágico, con historia, con encanto en cada uno de sus rincones…

Las murallas que esconden y protegen a esta pequeña “joya”, como yo la llamé, siguen casi intactas, lo que no nos permite ver las maravillas que hay dentro. Si no sabes de este viaje escondido, pasarías de largo sin poder contemplar su belleza.

Adentrándonos por sus callejuelas peatonales, observas las maravillosas casas de madera vestidas de colores rojos y blancos. Sus restaurantes, algunos con acogedoras terrazas, invitan a decantar los vinos que se producen en los alrededores. Las ruinas de Warner te hacen sentir dentro del salón principal del castillo de la bella y la bestia… y podría seguir hablando horas de las maravillas que contiene esta ciudad, pero quiero contaros mi experiencia…

Mientras nos hacíamos una foto en una de las esquinas más increíbles de la “joya”, un tenebroso castillo nos sonreía desde lo alto de la colina…

La subida hacia el castillo fue agotadora, hay cientos de escalones imperfectos que hacen que tu vista te juegue una mala pasada. Al llegar a la cima, descubrimos que no era el castillo de vampiros que tanto deseábamos, era un albergue juvenil, cuyo único encanto era todo que habíamos imaginado durante la subida.

Pronto nos aventuramos a bajar, pero decidimos hacerlo sin seguir aparatosas escaleras ni caminos asfaltados. Desde lo más alto, se observa la belleza de la “joya” y los viñedos que la protegen.  Entre campos y pastores, conocimos a un encantador hombrecito que preparaba la recolección del viñedo que atravesábamos.  Nunca había visto como se recogía la uva, como se pisaba o como conseguían el vino… Las vistas desde aquel viñedo eran únicas, algo mágico que se queda grabado en la mente como si fuese un cuadro que admiras cada día. La amabilidad de nuestro nuevo amigo nos llevó a vivir una aventura que nunca olvidaremos, recogimos uvas, las pisamos, y el vino… nos llevó a la tasca de su amigo kurplalzische…. eso, ¡a la taberna de José!

Mi pequeña gran “joya” nos hiciste vivir el día más maravilloso de todo nuestro viaje por #larutaromanticadelrin.

Por la noche dormimos en el precioso hotel-castillo Breuers Rudesheimer. Maravilloso hotel y su restaurante es el mejor de la zona, pero antes de cenar es obligatorio dar un pequeño paseo por sus estrechas callejuelas.

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